La camioneta saltó por enésima vez y yo con ella. En la cabina, un conductor de edad imprecisa, pequeño y macizo solo por el hecho de dejar pasar la vida trabajando. Una cara larga, para nada triste podia ver cada vez que miraba para atrás, a la caja donde unas nueve personas y yo, un perro, dos gallinas y una bolsa, un saco como dicen ellos, en el centro de la escena. Creo que solo le preocupaba qué era o que pasaba con esa bolsa de arpillera amarillenta, de urdimbre limpia y trajinar sucio. Un giro brusco y una frenada. Una gallina se escapa y el perro va tras ella. Esto no puede estar pasando!.
Una señora pequeña pero rellena, con faldas de color violeta y camisa como de viyela azulina y chaleco azul y un sombrero copudo, negro, va, detrás del perro, de la gallina, de la cena. Nos detenemos al grito de, Zul!, acá. y el perro que ni caso, pero la mujer se da vuelta sin dejar de correr como si pudiera flotar sobre el piso, hojas barridas por el sendero. Seguí!, te encuentro adelante. Y la camioneta corcoveó y salío despedida hacia una curva imposible entre casuchas pequeñas y pozos amenazantes. Seguir?, Tencuentro mas adelate?. Cómo?, si nosotros vamos en camioneta y ella a pié, por rápido que lo haga, va cuesta arriba, no, no puede ser!.
Por lo menos hay mas espacio, lástima por el perro, era el único que parecía verme, no es facil para un pinta de gringo andar a pie por estos lados. Por lo menos no hay aquí ese polvo que flota y flota bajo el mero encantamiento de ser liviano como el talco pero áspero y sucio.
Y a mi, que me incomoda tanto el silencio, la mirada baja y dura, durisima de dos carbones tallados de tanta coca y altura, piedras que se desarman con el tiempo y sin embargo perduran. Y sin embargo soy feliz, no por el aire trasparente de las montañas, no por las comidas sabrosas e inciertas, por estar ahí.
Les conté que la camioneta es un atadijo de chapas y metales, un poco de pintura unas maderas claras, alineadas en un peine de la caja, gomas de dibujito que no tienen ni creo que tuvieran en algun momento algo que no fuera una lisa e indefinible superficie de rodamiento. No, no les conté porque lo que me viene a la memoria, toda junta, son el perro, las gallinas, las ropas olorosas, el polvo, los golpes y la bolsa.
El pueblo termina en la esquina y ni señales de la mujer, del perro o tan solo de la gallina que por salir primero, ya deberia de haber llegado. Ultima oportunidad!
Miro en torno, entre saltos, entre nubes, entre casitas y nada. No hay nadie, todo quieto, todo silencioso. Mi apuesta secreta la he ganado, por una vez, le he ganado. Miro hacia el conductor. El mira hacia adelante, al campo. Hemos dado muchas vueltas.
De repente, todo se detiene, la camioneta, el chofer, los saltos. Solo el polvo sigue, y la conversación callada de mis acompañantes. Abre la puerta y baja. Uno de los dos hombres gordos vestidos de marron le alcanza la bolsa por sobre las maderas que cierran los lados de la camioneta. Y se va, se pierde en un pasillo luego del cual se adivina una puerta gris violaceo, descascaradamente pintada hasta encubrir una sombra oscura, secreta.
Uno de los gordos, el de camisa blanca, saca de su bolso una bolsa de papel amarillento. No es una gran bolsa, es tan solo una bolsa de panadería de la que saca unos pastelillos de manzana, acidos y dulzones, perfumados a limon y canela. No esperaba eso. Unos meses mas tarde, en mi propia cocina, ensallé varias veces la receta irrepetible. El olor a caramelo del almibar, las manzanas tiesas color aguamarina sobre el marmol blanco de la mesada no podían disimular la ausencia de la altura, del aire puro, momentos.
La altura tiene varios componentes, uno, claro está es que el aire raspa, engaña y se retira a lugares alejados, es algo que falta como el mango a fin de mes. Pero no me refiero a eso, la altura tiene un pacto con el tiempo, el tiempo se curva, es mas, se retuerce sobre si mismo e insiste en no transcurrir. No está detenido, es solo que adopta una condición retenida, escamoteada. Dos viejos sostenidos en torno de una mesa a la sombra en una partida de amarillentos dominós en la cual apostaron la cuenta del día del vermouth con complementos que se despachan entre un minuto y otro.
Tal vez, talvez por eso es que no me di cuenta, tratando de respirar con mis pulmones de llanura y rio ancho, de la señora que ahora nomás estaba subiendo a la caja de la camioneta, la gallina colgando como en un cuadro de Velazques?, blanca, sudorosa y seguro con alguna marca de colmillos del perro que, con la cola gacha no se anima a subir. Todos, los otros es decir, no yo, que hago mi esfuerzo por no perder nada ni mucho menos el aire sucio o el aliento escaso, ni la señora que se sienta ahí nomas, enfrente mío, ni la gallina, atada ahora a la otra gallina por las patas amarillas. Todos están, dormidos como en una siesta insoportable, duermen, si, despiertos, las caras atentas, duras como centinelas de piedra y lana de llama, en silencio, somos de nuevo nueve. Un número mágico.
Como pudo Ernesto pasar por aqui, indemne. No indemne no, tranformado, trastocado como un juego de biribirloque que no es un truco, son 500 años y ellos están alli como una foto, solo que hace solo 200 años que se inventó el dispositivo, casi al mismo tiempo que las burguesias locales inventaron la independencia de la casa matriz, el Reino de España. Al cual no pudieron terminar de volver en ningun momento de todo ese período. Es extraño saber que en los tiempos de Leonardo da Vinci ya se disponía de una forma de captar lo que se veía sin usar pinceles, lapices o carbones. Las imagenes que llevaban el desafío de los materiales implícitos en todo su proceso. Tal vez esas fotos sean mas precisas que mi recuerdo de esas personas pero no mas fieles.
lunes, 8 de junio de 2009
jueves, 21 de mayo de 2009
Siete treinta y dos
No.
Para que levantarse en la mañana temprano si no tienes nada que hacer?
No me hizo caso y siguió deshaciendo las migas de la tostada de ayer en un vaso transparente lleno con un liquido oscuro que no era cafe pero bien podría serlo. Sus ojos tienen el sudor de una noche de mal sueño, de atormentar las sabanas sin sustento. Levantarse temprano para que?. Cuando era pequeña, siempre era la primera en despertarse, aún antes de que el despertador rojo de campanada estridente, de lata vieja aunque fuera nuevo y reluciente y que por la noche atronaba con un tique tac mortal. Porqué sus padres le habían comprado semejante armatoste, no lo sabía. Parecía un tanque blindado, una especie de artilugio de las épocas en que los aparatos eran el resultado del ingenio mas que de la invención y fundamentalmente, debían durar toda la vida. A quien se le ocurre hoy que algo dure toda la vida. Es imperioso cambiarlo casi enseguida de haberlo comprado. No le gustaba esa sentencia por eso los autos le duraban, los pantalones se desteñian en su ropero, prefería las plantas robadas de los jardínes amigos a las variedades híbridas ofrecidas en las vidrieras floridas y algo artificiales de los negocios de la calle, no mencionaré su nombre pero me viene a la memoria esas maisons des fleurs de París y su abigarrada y ordenada oferta de variedades. Pero no era eso algo que preocupara su mañana, no.
Sabanas sucias, sabanas limpias. Siempre dejaba unas migas distribuirse sobre las sabanas, las cobijas de lana de las que era tan dificil sacarlas y el piyamas.
Aún asi los ojos cansados no se volvieron hacia mí. El sol de invierno le pegaba duramente en la espalda. Cómo será en esos países donde no hay sol en invierno?, podría imaginar un dia alli, pasar un fin de semana pero no más. Sol de invierno.
Tenía un piyamas a rayas, morado y ocre, con flores en segundo plano y el pantalon del mismo color ocre, brilloso como seda y suave. Le gustaban las manos deslizandose por esa suavidad y por debajo los músculos tensos los pezones duros, el borde del boton, un elástico, nada. Yo por mi parte prefiero dormir desnudo, aunque como soy friolento, solo puedo hacerlo algunas noches de verano muy calurosas, bajo el tul que cuelga desde la oscuridad y las notas claras de la luna suspendidas sin mas.
Un suave edredón de plumas está arrugado sobre la cama, la casa cruje a cada zamarreo del viento que sopla sobre el lago. Hará frío hoy.
Me quedo un rato en la cama, esperando. Desconfía de mí, sabe que debería haberme levantado temprano, saltado de la cama y sumergirme en la oscuridad hasta la cocina,fria. Encender el fuego, calentar pan o lo que haya, solo para mí, exprimir unos pomelos del árbol del jardín, ese que plantara unos 20 años atrás para reponer otro, viejo, más viejo que yo y que cubría un pequeño jazmín del cabo de hojas lustrosas y flores blancas, tersas y suaves, si es que quieren significar cosas distintas. En ese árbol yo trepaba al techo y del techo al cielo, hoy el jazmín casi ha crecido tanto como ese pomelo pero sus ramas son flacas y huesudas como mis manos. Inútiles para sostener el peso ágil e infantil de un aventurero de entrecasa.
No. Me quedo en la cama como si fuera tan solo una contradicción de mi naturaleza. Tengo trabajo por hacer pero he aprendido a tomarme el tiempo necesario, el mundo no cae, respiro, el aire se vuelve docil, gracias.
Al fin, presa del fastidio que produce mi pereza fingida, junta lo que va a ponerse para hacer lo que tenga que hacer ese día, sin olvidar nada y se mete en el baño. No lo hace para castigarme, escamotearme esa escena cotidiana del cuerpo que se desnuda y se viste con un cierto erotismo alejado de toda pasión, de toda verguenza, abrumado por el día tras día, aunque para mí el tiempo no pase.
Siento el agua que fluye, un gorgoteo y un no se qué. Ya no tengo esa curiosidad de saber que pasa donde no se puede entrar pero abro la puerta para preguntar.
Para qué tan temprano?
Agua que picotea sobre mis ojos, sobre mi cara entera sobre mi cuerpo y se desliza en pequeños surcos que se corren hasta el piso y nada. Es un momento donde el tiempo se detiene, stop, nada. Tengo ganas de nada, tengo ambicion de todo, todo todo. Me pondré unas ropas viejas, un yin, una remera vieja rayada, con finitas rayas multicolores horizontales y por encima un saco de lana con guardas, una bufanda roja, guantes, medias de lana y botas color ciruela para ir al bosque. Pisar el pasto escarchado mientras todo esta callado.
Hoy debe ser. Aunque no cierro los ojos puedo ver la puerta de piedras calzadas una sobre otra sin junturas y el hombre diciendo, no debería, es un riesgo, don Luis ha dicho que usted no debería. Siento en la mano, en el fondo del bosillo del abrigo una piedra fría, suavemente fría. La encontré en el camino mientras subía, montaña traviesa, evitando a los turistas y sus máquinas fotográficas que miran sin ver, sin ver nada. Al subir no quise solo subir, quise estar ahí como si la montaña y yo tuvieramos que conocernos, tocarnos, olernos, sudarnos, desgastarnos, sin equivalencias. No era una cuestión iniciática, habia estado antes ahí.
De todas las piedras del camino, solo una, esa. La vi tirada ahí. Una piedra en mi camino. Acordarme de quien era antes. La piedra me estaba mirando, ahi, desde el borde del camino, marcando un hito, un descanso, ahora.
Mirando al piso vi que mis zapatillas, un par de viejas zapatillas de puntera de plástico blancas y suela de goma roja, estaban por deshacerse. Apenas les quedaba el mote de zapatillas por estar cubriendo los pies con una buena ayuda de unas medias de algodón mas propias para una clase de gimnasia que para andar gastando caminos barrosos por los alrrededores de Ollantaytambo. Mi aspecto no era mucho mejor, pero el tiempo apremiaba y quería bajar luego por los túneles de la ladera del este, pasar bajo la selva y llegar al río. Los túneles llenos de tierra antiga, milpiés, arañas, opiliones, gusanos y un barro suave y perfumado. Alvar Mayor, Aguirre, olor a historias de hace tiempo.
El café está listo, venís?.
En un rato. Dejalo en la cafetera para que no se enfríe.
Voy a tomarme el dia para pensarlo. Si, ya se que no es mi estilo pero siento que asi la cosa no va, me falta el aire.
Escucho la puerta de la calle antes de salir del baño con una nube de vapor que se vuelca sobre el pasillo, el silencio de una casa sola, los ruidos breves de la calle, gente que conversa a veces en idiomas extraños, no que dicen. Extrañamente no hay otros ruidos, el tiempo se ha parado y la gente de la calle es la única que sigue su rutina. Yo me cansé. Basta.
Mejor la soledad, saber que estas sin nadie mas, sentir que no van a escucharte, a rozarte, a mirarte, mejor así.
El te verde que puse a calentar hace unos minutos ahora se quema con un humo azul y un olor a pastos de campo. Pensé en el comerciante del puesto en la feria ambulante que vendía infusiones, un hombre pequeño, cobrizo, de frente ancha, ojos oscuros casi rasgados, el pelo algo largo, peinado tirante hacia atras de las orejas y la nuca, brilloso, chaleco tejido, camisa y pantalon de una tela basta y casi áspera de tan oscura. Pocillos y bolsas con hierbas, polvos, piedras y hebras de colores indecisos o brillantes, se extendían por toda la mesa que, aunque breve parecía tener todas las respuestas para los pocos males que nos azotan en este mundo. Te verde para el cansancio, el estrés y el estómago, dijo con voz de quien sabe y así lo acepté. Para que comprás esas cosas, te van a arruinar el estomago en el mejor de los casos hubiera dicho mi abuela si estuviera todavía viva pero no. La ollita de enlozado blanco ahora lucía una veladura en sus paredes y unas manchas extrañas en el fondo. Se leerán las manchas de recocida como las borras del café?, no lo sabía entonces ni lo se ahora pero alguíen habra que sepa ver en los rasgos, las señales y en las señales lo que importa por sobre lo que interesa. El amor por ejemplo es una cosa irrelevante que preocupa a casi todos, aún a aquellos que solo se preocupan por hacer dinero.
La salu, el trabajo, la amista, son cosas importantes, el resto esta en el destino de cada u, vos por ejemplo, un sin destino, tenes que cuidar de esas cosas importantes, porque tenes pocas y esas no vuelven.
La abuela era un fenomeno pero por suerte, leia muy mal el futuro, casi tan mal como yo, casi tan mal.
Desde el jardin podia ver a los obreros colgados como arañas de la estructura del edificio vecino, desde la casa, solo podía imaginarlos, naranjas y azules, aplastados sobre una pared a medio construir, a los gritos, sucios, sudando, cansados.
Que será importante para ellos?, la resistencia de la cuerda que los sujeta a la vida?, el punto de la mezcla?, la canción del chamamé que agota la radio?. Lo importante parece que pasa rápido, se tuerce y transforma y deja de ser importante justo cuando dejamos de prestarle atención. Pero lo peor es cuando empezamos a extrañar aquello que nos fue importante, ahi no hay nada mas que decepción y a lo sumo una pizca de comunión.
Para que levantarse en la mañana temprano si no tienes nada que hacer?
No me hizo caso y siguió deshaciendo las migas de la tostada de ayer en un vaso transparente lleno con un liquido oscuro que no era cafe pero bien podría serlo. Sus ojos tienen el sudor de una noche de mal sueño, de atormentar las sabanas sin sustento. Levantarse temprano para que?. Cuando era pequeña, siempre era la primera en despertarse, aún antes de que el despertador rojo de campanada estridente, de lata vieja aunque fuera nuevo y reluciente y que por la noche atronaba con un tique tac mortal. Porqué sus padres le habían comprado semejante armatoste, no lo sabía. Parecía un tanque blindado, una especie de artilugio de las épocas en que los aparatos eran el resultado del ingenio mas que de la invención y fundamentalmente, debían durar toda la vida. A quien se le ocurre hoy que algo dure toda la vida. Es imperioso cambiarlo casi enseguida de haberlo comprado. No le gustaba esa sentencia por eso los autos le duraban, los pantalones se desteñian en su ropero, prefería las plantas robadas de los jardínes amigos a las variedades híbridas ofrecidas en las vidrieras floridas y algo artificiales de los negocios de la calle, no mencionaré su nombre pero me viene a la memoria esas maisons des fleurs de París y su abigarrada y ordenada oferta de variedades. Pero no era eso algo que preocupara su mañana, no.
Sabanas sucias, sabanas limpias. Siempre dejaba unas migas distribuirse sobre las sabanas, las cobijas de lana de las que era tan dificil sacarlas y el piyamas.
Aún asi los ojos cansados no se volvieron hacia mí. El sol de invierno le pegaba duramente en la espalda. Cómo será en esos países donde no hay sol en invierno?, podría imaginar un dia alli, pasar un fin de semana pero no más. Sol de invierno.
Tenía un piyamas a rayas, morado y ocre, con flores en segundo plano y el pantalon del mismo color ocre, brilloso como seda y suave. Le gustaban las manos deslizandose por esa suavidad y por debajo los músculos tensos los pezones duros, el borde del boton, un elástico, nada. Yo por mi parte prefiero dormir desnudo, aunque como soy friolento, solo puedo hacerlo algunas noches de verano muy calurosas, bajo el tul que cuelga desde la oscuridad y las notas claras de la luna suspendidas sin mas.
Un suave edredón de plumas está arrugado sobre la cama, la casa cruje a cada zamarreo del viento que sopla sobre el lago. Hará frío hoy.
Me quedo un rato en la cama, esperando. Desconfía de mí, sabe que debería haberme levantado temprano, saltado de la cama y sumergirme en la oscuridad hasta la cocina,fria. Encender el fuego, calentar pan o lo que haya, solo para mí, exprimir unos pomelos del árbol del jardín, ese que plantara unos 20 años atrás para reponer otro, viejo, más viejo que yo y que cubría un pequeño jazmín del cabo de hojas lustrosas y flores blancas, tersas y suaves, si es que quieren significar cosas distintas. En ese árbol yo trepaba al techo y del techo al cielo, hoy el jazmín casi ha crecido tanto como ese pomelo pero sus ramas son flacas y huesudas como mis manos. Inútiles para sostener el peso ágil e infantil de un aventurero de entrecasa.
No. Me quedo en la cama como si fuera tan solo una contradicción de mi naturaleza. Tengo trabajo por hacer pero he aprendido a tomarme el tiempo necesario, el mundo no cae, respiro, el aire se vuelve docil, gracias.
Al fin, presa del fastidio que produce mi pereza fingida, junta lo que va a ponerse para hacer lo que tenga que hacer ese día, sin olvidar nada y se mete en el baño. No lo hace para castigarme, escamotearme esa escena cotidiana del cuerpo que se desnuda y se viste con un cierto erotismo alejado de toda pasión, de toda verguenza, abrumado por el día tras día, aunque para mí el tiempo no pase.
Siento el agua que fluye, un gorgoteo y un no se qué. Ya no tengo esa curiosidad de saber que pasa donde no se puede entrar pero abro la puerta para preguntar.
Para qué tan temprano?
Agua que picotea sobre mis ojos, sobre mi cara entera sobre mi cuerpo y se desliza en pequeños surcos que se corren hasta el piso y nada. Es un momento donde el tiempo se detiene, stop, nada. Tengo ganas de nada, tengo ambicion de todo, todo todo. Me pondré unas ropas viejas, un yin, una remera vieja rayada, con finitas rayas multicolores horizontales y por encima un saco de lana con guardas, una bufanda roja, guantes, medias de lana y botas color ciruela para ir al bosque. Pisar el pasto escarchado mientras todo esta callado.
Hoy debe ser. Aunque no cierro los ojos puedo ver la puerta de piedras calzadas una sobre otra sin junturas y el hombre diciendo, no debería, es un riesgo, don Luis ha dicho que usted no debería. Siento en la mano, en el fondo del bosillo del abrigo una piedra fría, suavemente fría. La encontré en el camino mientras subía, montaña traviesa, evitando a los turistas y sus máquinas fotográficas que miran sin ver, sin ver nada. Al subir no quise solo subir, quise estar ahí como si la montaña y yo tuvieramos que conocernos, tocarnos, olernos, sudarnos, desgastarnos, sin equivalencias. No era una cuestión iniciática, habia estado antes ahí.
De todas las piedras del camino, solo una, esa. La vi tirada ahí. Una piedra en mi camino. Acordarme de quien era antes. La piedra me estaba mirando, ahi, desde el borde del camino, marcando un hito, un descanso, ahora.
Mirando al piso vi que mis zapatillas, un par de viejas zapatillas de puntera de plástico blancas y suela de goma roja, estaban por deshacerse. Apenas les quedaba el mote de zapatillas por estar cubriendo los pies con una buena ayuda de unas medias de algodón mas propias para una clase de gimnasia que para andar gastando caminos barrosos por los alrrededores de Ollantaytambo. Mi aspecto no era mucho mejor, pero el tiempo apremiaba y quería bajar luego por los túneles de la ladera del este, pasar bajo la selva y llegar al río. Los túneles llenos de tierra antiga, milpiés, arañas, opiliones, gusanos y un barro suave y perfumado. Alvar Mayor, Aguirre, olor a historias de hace tiempo.
El café está listo, venís?.
En un rato. Dejalo en la cafetera para que no se enfríe.
Voy a tomarme el dia para pensarlo. Si, ya se que no es mi estilo pero siento que asi la cosa no va, me falta el aire.
Escucho la puerta de la calle antes de salir del baño con una nube de vapor que se vuelca sobre el pasillo, el silencio de una casa sola, los ruidos breves de la calle, gente que conversa a veces en idiomas extraños, no que dicen. Extrañamente no hay otros ruidos, el tiempo se ha parado y la gente de la calle es la única que sigue su rutina. Yo me cansé. Basta.
Mejor la soledad, saber que estas sin nadie mas, sentir que no van a escucharte, a rozarte, a mirarte, mejor así.
El te verde que puse a calentar hace unos minutos ahora se quema con un humo azul y un olor a pastos de campo. Pensé en el comerciante del puesto en la feria ambulante que vendía infusiones, un hombre pequeño, cobrizo, de frente ancha, ojos oscuros casi rasgados, el pelo algo largo, peinado tirante hacia atras de las orejas y la nuca, brilloso, chaleco tejido, camisa y pantalon de una tela basta y casi áspera de tan oscura. Pocillos y bolsas con hierbas, polvos, piedras y hebras de colores indecisos o brillantes, se extendían por toda la mesa que, aunque breve parecía tener todas las respuestas para los pocos males que nos azotan en este mundo. Te verde para el cansancio, el estrés y el estómago, dijo con voz de quien sabe y así lo acepté. Para que comprás esas cosas, te van a arruinar el estomago en el mejor de los casos hubiera dicho mi abuela si estuviera todavía viva pero no. La ollita de enlozado blanco ahora lucía una veladura en sus paredes y unas manchas extrañas en el fondo. Se leerán las manchas de recocida como las borras del café?, no lo sabía entonces ni lo se ahora pero alguíen habra que sepa ver en los rasgos, las señales y en las señales lo que importa por sobre lo que interesa. El amor por ejemplo es una cosa irrelevante que preocupa a casi todos, aún a aquellos que solo se preocupan por hacer dinero.
La salu, el trabajo, la amista, son cosas importantes, el resto esta en el destino de cada u, vos por ejemplo, un sin destino, tenes que cuidar de esas cosas importantes, porque tenes pocas y esas no vuelven.
La abuela era un fenomeno pero por suerte, leia muy mal el futuro, casi tan mal como yo, casi tan mal.
Desde el jardin podia ver a los obreros colgados como arañas de la estructura del edificio vecino, desde la casa, solo podía imaginarlos, naranjas y azules, aplastados sobre una pared a medio construir, a los gritos, sucios, sudando, cansados.
Que será importante para ellos?, la resistencia de la cuerda que los sujeta a la vida?, el punto de la mezcla?, la canción del chamamé que agota la radio?. Lo importante parece que pasa rápido, se tuerce y transforma y deja de ser importante justo cuando dejamos de prestarle atención. Pero lo peor es cuando empezamos a extrañar aquello que nos fue importante, ahi no hay nada mas que decepción y a lo sumo una pizca de comunión.
domingo, 26 de abril de 2009
Epilogo
Un liquido carameloso brota del pico de la cafetera. Las dos pequeñas tazas verdeagua tienen un ondulante dragón adivinandose en su superfice sin asas, sin plato, listas para dar cabida al café aromatizado con cardamomo que Cza gusta de preparar cuando quiere agradar.
Len está al otro lado. Está vestida peculiar. Un saco de tela de aguayos que encargó a una modista del barrio donde vivió en San Francisco, de colores morados, terrosos, andinos. Una camisa algo arrugada con flores verdes, amarillas, como dibujadas con los óxidos de la misma montaña. El humo del café caliente empaña sus lentes.Tiene cara de sueño, sonríe, como siempre.
En la cocina, en torno de la mesa de madera oscura, a la luz del sol de la media tarde que le dá a este abril algo del calor que el aire ha perdido, se encuentra para conversar sobre el legado de Oto S Bach. Muchas veces lo han hecho en los últimos años.
- He escrito algo nuevo, me gustó, tenés que leerlo. Dice Len como pidiendo opinión.
Cza, no espera un segundo para disparar una respuesta. No quiere menospreciar el texto que aún no ha visto pero ya tiene una decisión.
- Ya tengo escrito el final. Es mentira, él lo sabe. Sabe que en el viaje desde Corrientes una historia se coló en su sueño y lo despertó. Siguió el hilo y supo que ahí estaba la solución de todo lo intentado, que no debía buscar más. Cerrar el relato y abrir otro, solo de ser necesario, antes de que todo se embarrara y tuviera que escribir un final argumental como matar a Javier o que ese personaje contara su final. Un giro tal vez hábil pero débil y él no quería un final así. Creía que Len tampoco. Era posible que a Oto S Bach no le importara; como tantas cosas por las que nunca había demostrado un interés consistente. Todo lo que había iniciado parece que ahora se desvanece en el aire penso en un giro Marxista.
- Si?, tenés que contarme. Un poco curiosa pero decepcionada.
- Dejame que te cuente algunas imagenes...te acordás del Maestro Po?
- Claro, como olvidarlo, pequeño ...
- Je, para la gente con buena memoria, la historia es un camino de pasiones y sorpresas, para nosotros, es un fuego de artificio con momentos luminosos en una larga y pacífica noche oscura y sin estrellas.
Mira, sabe que voy a disparar y espera.
Te acordás de la escena del guijarro?
- To take the pebble and run
- Contamela,vos
- El aprendíz llega ante el Maestro y este le dice, Puedes tomar el guijarro de la palma de mi mano. La piedrecita está allí, justo a su alcance, el es mas joven, el maestro es ciego. Cómo podrá vencerme?. Pero una y otra vez, el Maestró Po abre la mano después del intento y allí está el guijarro, en el mismo lugar que siempre. Hasta que al final, el aprendíz logra su cometido y parte como nuevo maestro, piedra en mano.
- Has pensado en la piedra?
- Si, hasta he intentado sacarsela a otro de la mano, a veces gano otras no.
- No has pensado.
- Como?
- La piedra no es una piedra común, es la carga que llevamos al aprender, es el lazo que creamos al conocer, pero fundamentalmente es eso que una vez que cambia de manos debe empezar de nuevo en otro lugar, en otro aprendiz. No lo explique bien pero pensaba en eso cuando supe del final del relato. La piedra a pasado de mano.
- Varias veces quisiste cerrar el proyecto, que te hace pensar en que eso es así ahora?
- Nada.
Bebe un sorbo de café. El cardamomo era fresco y se cuela como si un jazmin hubiera abierto en el jardín cercano. Mira sus manos, las vuelve de arriba hacia abajo, mira las uñas cortas, las grietas de la piel. Todo parece estar bien.
- Algo pasó?.
- Viste mis manos?
- Si
- Y?
- Nada en particular.
- Están sucias de tinta, se han manchado tratando de terminar con esa historia.
- Bueno, parecen limpias ahora. Lo mira preocupada, su rostro se ha ensombrecido.
Cza tiene ahora esos pinchazos en la retina que explotan en su conciencia, dolorosamente. Ve a Javier, está meditando sobre una leve loma en medio de un claro soleado del bosque. No lo ha visto. El aire se detiene en torno a una persona que medita, no se percibe respiración alguna, ni murmullo. Está solo. Se arrodilla a su espalda y susurra:Death fly. Javier abre los ojos y cae levemente sobre su izquierda en una suave contorsión. Cza guarda su mano en el buche de su buzo canguro, se levanta y se disuelve entre las personas que caminan y corren.
- Estuve corrigiendo el texto de Chen...
- Chen?, no vale la pena
Al chino lo encontró en la casa del Arroyo Doña Flora, un riacho escondido entre la selva marginal y los arrabales de la Ensenada. Chen lo vió antes de que estuviera cerca y corrió, corrió desesperadamente. Unos perros le salieron al paso pero siguió corriendo, saltó un zanjón y quedó resbalando sobre la empinada otra orilla.
- Porqué lo mataste a Siki?
No hay respuesta, el cuerpo se queda allí, quieto, sin razón alguna. Lo doy vuelta. Un trozo de metal abandonado le ha atravezado el pecho como una hoja de hierba. Está muerto.
En el zanjón algún vecino ha dejado un bote breve, una especie de kajak amarillo. Bajar el bote al agua, sin ruido, sin pausa. El zanjón se abre al Doña Flora. Sobre la orilla descubre una ceremonia, dos mujeres, ni jóvenes ni adultas, una más baja que la otra, vestidas de colores claros, celestes y naranjas están mirando un grupo de músicos que comienza a tocar furiosamente.
Un poco más alla, tres ruidos sordos lo sorprenden. Algo cae al agua, no se distingue todavía, está mas allá de la curva del arroyo. Entre los árboles, la figura redondeada del Gallego.
- No podía dejar que los personajes se me escaparan, que hicieran lo que no quería. No me gustan los personajes autónomos...
- La revolución de los personajes, un Pirandello ...
- No, no. Preferiría ahora conversar sobre Maryland, contar otras cosas. Suena cansado, el café se enfría, tintas las manos.
Len está al otro lado. Está vestida peculiar. Un saco de tela de aguayos que encargó a una modista del barrio donde vivió en San Francisco, de colores morados, terrosos, andinos. Una camisa algo arrugada con flores verdes, amarillas, como dibujadas con los óxidos de la misma montaña. El humo del café caliente empaña sus lentes.Tiene cara de sueño, sonríe, como siempre.
En la cocina, en torno de la mesa de madera oscura, a la luz del sol de la media tarde que le dá a este abril algo del calor que el aire ha perdido, se encuentra para conversar sobre el legado de Oto S Bach. Muchas veces lo han hecho en los últimos años.
- He escrito algo nuevo, me gustó, tenés que leerlo. Dice Len como pidiendo opinión.
Cza, no espera un segundo para disparar una respuesta. No quiere menospreciar el texto que aún no ha visto pero ya tiene una decisión.
- Ya tengo escrito el final. Es mentira, él lo sabe. Sabe que en el viaje desde Corrientes una historia se coló en su sueño y lo despertó. Siguió el hilo y supo que ahí estaba la solución de todo lo intentado, que no debía buscar más. Cerrar el relato y abrir otro, solo de ser necesario, antes de que todo se embarrara y tuviera que escribir un final argumental como matar a Javier o que ese personaje contara su final. Un giro tal vez hábil pero débil y él no quería un final así. Creía que Len tampoco. Era posible que a Oto S Bach no le importara; como tantas cosas por las que nunca había demostrado un interés consistente. Todo lo que había iniciado parece que ahora se desvanece en el aire penso en un giro Marxista.
- Si?, tenés que contarme. Un poco curiosa pero decepcionada.
- Dejame que te cuente algunas imagenes...te acordás del Maestro Po?
- Claro, como olvidarlo, pequeño ...
- Je, para la gente con buena memoria, la historia es un camino de pasiones y sorpresas, para nosotros, es un fuego de artificio con momentos luminosos en una larga y pacífica noche oscura y sin estrellas.
Mira, sabe que voy a disparar y espera.
Te acordás de la escena del guijarro?
- To take the pebble and run
- Contamela,vos
- El aprendíz llega ante el Maestro y este le dice, Puedes tomar el guijarro de la palma de mi mano. La piedrecita está allí, justo a su alcance, el es mas joven, el maestro es ciego. Cómo podrá vencerme?. Pero una y otra vez, el Maestró Po abre la mano después del intento y allí está el guijarro, en el mismo lugar que siempre. Hasta que al final, el aprendíz logra su cometido y parte como nuevo maestro, piedra en mano.
- Has pensado en la piedra?
- Si, hasta he intentado sacarsela a otro de la mano, a veces gano otras no.
- No has pensado.
- Como?
- La piedra no es una piedra común, es la carga que llevamos al aprender, es el lazo que creamos al conocer, pero fundamentalmente es eso que una vez que cambia de manos debe empezar de nuevo en otro lugar, en otro aprendiz. No lo explique bien pero pensaba en eso cuando supe del final del relato. La piedra a pasado de mano.
- Varias veces quisiste cerrar el proyecto, que te hace pensar en que eso es así ahora?
- Nada.
Bebe un sorbo de café. El cardamomo era fresco y se cuela como si un jazmin hubiera abierto en el jardín cercano. Mira sus manos, las vuelve de arriba hacia abajo, mira las uñas cortas, las grietas de la piel. Todo parece estar bien.
- Algo pasó?.
- Viste mis manos?
- Si
- Y?
- Nada en particular.
- Están sucias de tinta, se han manchado tratando de terminar con esa historia.
- Bueno, parecen limpias ahora. Lo mira preocupada, su rostro se ha ensombrecido.
Cza tiene ahora esos pinchazos en la retina que explotan en su conciencia, dolorosamente. Ve a Javier, está meditando sobre una leve loma en medio de un claro soleado del bosque. No lo ha visto. El aire se detiene en torno a una persona que medita, no se percibe respiración alguna, ni murmullo. Está solo. Se arrodilla a su espalda y susurra:Death fly. Javier abre los ojos y cae levemente sobre su izquierda en una suave contorsión. Cza guarda su mano en el buche de su buzo canguro, se levanta y se disuelve entre las personas que caminan y corren.
- Estuve corrigiendo el texto de Chen...
- Chen?, no vale la pena
Al chino lo encontró en la casa del Arroyo Doña Flora, un riacho escondido entre la selva marginal y los arrabales de la Ensenada. Chen lo vió antes de que estuviera cerca y corrió, corrió desesperadamente. Unos perros le salieron al paso pero siguió corriendo, saltó un zanjón y quedó resbalando sobre la empinada otra orilla.
- Porqué lo mataste a Siki?
No hay respuesta, el cuerpo se queda allí, quieto, sin razón alguna. Lo doy vuelta. Un trozo de metal abandonado le ha atravezado el pecho como una hoja de hierba. Está muerto.
En el zanjón algún vecino ha dejado un bote breve, una especie de kajak amarillo. Bajar el bote al agua, sin ruido, sin pausa. El zanjón se abre al Doña Flora. Sobre la orilla descubre una ceremonia, dos mujeres, ni jóvenes ni adultas, una más baja que la otra, vestidas de colores claros, celestes y naranjas están mirando un grupo de músicos que comienza a tocar furiosamente.
Un poco más alla, tres ruidos sordos lo sorprenden. Algo cae al agua, no se distingue todavía, está mas allá de la curva del arroyo. Entre los árboles, la figura redondeada del Gallego.
- No podía dejar que los personajes se me escaparan, que hicieran lo que no quería. No me gustan los personajes autónomos...
- La revolución de los personajes, un Pirandello ...
- No, no. Preferiría ahora conversar sobre Maryland, contar otras cosas. Suena cansado, el café se enfría, tintas las manos.
domingo, 12 de abril de 2009
Venus me guiña un ojo
Venus me guiña un ojo. Salgo al balcón y Venus me guiña un ojo. Bella, ella, bella estrella.
Como, mientras la miro a Venus, y pienso en que Fernanda no puede hacer un comentario antisemita en mi presencia, pero lo hace. Y nadie salta a discutirle, a pesar de que Juani me mira con cara de “Entendí. Tranquila, no saltes”. Y yo no salto porque estoy podrida de saltar por las discriminaciones de mierda en las que me siento discriminada. Para las minas –y muchos de los tipos de mi edad- soy una judía puta, por decirlo rápido. Cuando se ponen homófobos me resulta relativamente fácil salir a refutar leyendas, pero cuando se ponen antisemitas y sexistas me resulta más difícil. Espero que alguien salga a defender posiciones en abstracto, pero eso no sucede.
La Negrita sigue comiendo y mirando a Venus, y un poco más lejos mira a la luna que ya está menguando. La Negra es judía, negra, marxista y un poco puta. James Baldwin, el escritor norteamericano, decía algo parecido acerca de sí mismo: que era la síntesis de lo discriminable. Pero lo que le jode es que gente cercana diga con naturalidad que alguien es judío, dando por sentado que ese es un dato negativo acerca de una persona. Y que nadie salte a poner los puntos sobre las íes. O que una mujer es una puta sencillamente porque maneja su sexualidad con cierta libertad, sin preguntarse demasiado si está “construyendo una pareja”. A la Negra no le interesan las parejas. Hace un tiempo que lo único que espera es un poco de paz y alguna alegría de vez en cuando.
La Negrita es mujer, negra, judía, marxista y un poco puta. Muchas veces ha visto en los ojos de otras mujeres el juicio acerca de cómo ella maneja su sexualidad. Hay algo que en su entorno parece ser naturalizado: la Negra viene de una familia de clase media baja. En su casa no había libros, ni discos, ni se iba al cine. La abuela paterna había sido criada en la casa de un político radical y del abuelo no se hablaba. Había un apellido que bien podía pensarse que era un invento de la abuela, pero de ese señor no se hablaba. El padre de la Negra creció en la ambigüedad de la casa grande, del amor irrefrenable de las hijas adolescentes del político por ese niñito llegado no se sabía de dónde, pero ese niñito no tenía los mismos derechos que ellas. Mientras fue un bebe era mostrado a las visitas, pero cuando creció su presencia morena dejó de ser vistosa. Y quedó relegado a la cocina.
Pasaron los años y el padre de la Negrita se casó con la hija menor de un judío errante, de un cuéntenik pobre y temeroso de dios. Y así nació la Negra, que es mujer, negra, judía, marxista y un poco puta. La últimas dos características por elección propia.
La Negrita, entonces, mira a Venus y a la luna menguante mientras se siente poca cosa. Se acuerda de la mirada de Laura ese día en lo de Javier. Se acuerda de Fernanda diciendo "Claro, es una judía", de aquella mujer platinada y neurótica que la tiene podrida. Y se acuerda del Carli diciéndole que si no dice lo que la hincha va a explotar. Pero ella se siente poquita cosa y teme que si dice aquello que la hincha va a ser menos todavía.
La Negrita lee con voracidad porque quiere recuperar el tiempo perdido durante la infancia. Cuando entró al colegio secundario -a ese colegio elitista y tradicional al que todavía no sabe cómo entró- se dio cuenta que todas las cosas que ella sabía eran consideradas mersas, y que ella no sabía de qué hablaban sus compañeros. Para colmo era negra y judía, y no sabía cómo había que vestirse para ir a ese colegio tradicional y elitista. Ella era una chica morena, alta pero menuda, que en primer año empezó a echar lomo. La despreciaban porque era negra y judía, pero progresivamente la empezaron a mirar con admiración -piernas largas y bien formadas, culito respingado y un par de tetas no muy grandes pero paraditas.
Pero ella no quería la admiración por el cuerpo que estaba echando. Ella quería compartir esos códigos que desconocía y ahí se puso a leer como una posesa, y se hizo marxista.
El primer tipo con el que se encamó era uno de los militantes más refulgentes del colegio. Ella estaba en segundo año, él en quinto y era alto, rubio, de familia bien platense y hasta hacía poco tiempo sólo se interesaba por el rugby, las Fred Perry y el qué dirán. Casi súbitamente se había politizado, como se decía en esos tiempos, y la Negra, con sus pilchas de barrio y sus ojos admirados, era una forma de acercarse al Pueblo. El Lince no contaba con que la Negra era judía y vorazmente lectora. No contaba con que ella era la que, a pesar de sentirse poquita cosa, podía darlo vuelta como un guante cuando discutían de política. Ella lo desarmaba desde su sagaz ingenuidad. Él quería encuadrarla en la orga, pero ella era demasiado librepensadora para esas cosas, y demasiado marxista para el peronismo. Ella se sometía desde el amor incondicional, pero se rebelaba desde los conocimientos recientemente adquiridos.
El Lince ... Alberto ...
La Negra ya no come, pero sigue tomando vino tinto de su copa. En realidad de la copa de Laura, que le prestó la casa por unos días porque se fue por laburo a Guatemala. A la Negra le gusta la casa de Laura, aunque Javier insista en que parece una escenografía vacía. Y la Negra le agradece a Laura la oferta, hecha con todas las delicadezas del caso, de cuidarle las plantas durante el viaje. Laura sabe que la Negra malvive en una pieza de la casa de Gabriel y que unos días en su departamento son una especie de vacaciones. Laura le deja una caja de buen vino y la heladera llena de quesos, fiambres, aceitunas, tomates, frutas con la precisa indicación de que beba y coma lo que se le antoje.
¿Por qué la cabeza se le divagó hacia el Lince? Hacía mucho que no pensaba en él. Tal vez porque fue la primera persona que la trató de puta cuando ella se tomó las mismas libertades que él se tomaba y se pasó toda una noche de charleta y bailongo con otro tipo mientras él misteaba con la rubia de la UES de Liceo. O tal vez fue porque se pasó gran parte del fin de semana leyendo algunas de las biografías de jefes montoneros que encontró en la biblioteca de Laura.
Sigue Venus, roja, guiñando los ojos. La Negra sabe que es un planeta pero prefiere pensarla como si fuera una estrella. Se le escapa una maraña de recuerdos.
Como, mientras la miro a Venus, y pienso en que Fernanda no puede hacer un comentario antisemita en mi presencia, pero lo hace. Y nadie salta a discutirle, a pesar de que Juani me mira con cara de “Entendí. Tranquila, no saltes”. Y yo no salto porque estoy podrida de saltar por las discriminaciones de mierda en las que me siento discriminada. Para las minas –y muchos de los tipos de mi edad- soy una judía puta, por decirlo rápido. Cuando se ponen homófobos me resulta relativamente fácil salir a refutar leyendas, pero cuando se ponen antisemitas y sexistas me resulta más difícil. Espero que alguien salga a defender posiciones en abstracto, pero eso no sucede.
La Negrita sigue comiendo y mirando a Venus, y un poco más lejos mira a la luna que ya está menguando. La Negra es judía, negra, marxista y un poco puta. James Baldwin, el escritor norteamericano, decía algo parecido acerca de sí mismo: que era la síntesis de lo discriminable. Pero lo que le jode es que gente cercana diga con naturalidad que alguien es judío, dando por sentado que ese es un dato negativo acerca de una persona. Y que nadie salte a poner los puntos sobre las íes. O que una mujer es una puta sencillamente porque maneja su sexualidad con cierta libertad, sin preguntarse demasiado si está “construyendo una pareja”. A la Negra no le interesan las parejas. Hace un tiempo que lo único que espera es un poco de paz y alguna alegría de vez en cuando.
La Negrita es mujer, negra, judía, marxista y un poco puta. Muchas veces ha visto en los ojos de otras mujeres el juicio acerca de cómo ella maneja su sexualidad. Hay algo que en su entorno parece ser naturalizado: la Negra viene de una familia de clase media baja. En su casa no había libros, ni discos, ni se iba al cine. La abuela paterna había sido criada en la casa de un político radical y del abuelo no se hablaba. Había un apellido que bien podía pensarse que era un invento de la abuela, pero de ese señor no se hablaba. El padre de la Negra creció en la ambigüedad de la casa grande, del amor irrefrenable de las hijas adolescentes del político por ese niñito llegado no se sabía de dónde, pero ese niñito no tenía los mismos derechos que ellas. Mientras fue un bebe era mostrado a las visitas, pero cuando creció su presencia morena dejó de ser vistosa. Y quedó relegado a la cocina.
Pasaron los años y el padre de la Negrita se casó con la hija menor de un judío errante, de un cuéntenik pobre y temeroso de dios. Y así nació la Negra, que es mujer, negra, judía, marxista y un poco puta. La últimas dos características por elección propia.
La Negrita, entonces, mira a Venus y a la luna menguante mientras se siente poca cosa. Se acuerda de la mirada de Laura ese día en lo de Javier. Se acuerda de Fernanda diciendo "Claro, es una judía", de aquella mujer platinada y neurótica que la tiene podrida. Y se acuerda del Carli diciéndole que si no dice lo que la hincha va a explotar. Pero ella se siente poquita cosa y teme que si dice aquello que la hincha va a ser menos todavía.
La Negrita lee con voracidad porque quiere recuperar el tiempo perdido durante la infancia. Cuando entró al colegio secundario -a ese colegio elitista y tradicional al que todavía no sabe cómo entró- se dio cuenta que todas las cosas que ella sabía eran consideradas mersas, y que ella no sabía de qué hablaban sus compañeros. Para colmo era negra y judía, y no sabía cómo había que vestirse para ir a ese colegio tradicional y elitista. Ella era una chica morena, alta pero menuda, que en primer año empezó a echar lomo. La despreciaban porque era negra y judía, pero progresivamente la empezaron a mirar con admiración -piernas largas y bien formadas, culito respingado y un par de tetas no muy grandes pero paraditas.
Pero ella no quería la admiración por el cuerpo que estaba echando. Ella quería compartir esos códigos que desconocía y ahí se puso a leer como una posesa, y se hizo marxista.
El primer tipo con el que se encamó era uno de los militantes más refulgentes del colegio. Ella estaba en segundo año, él en quinto y era alto, rubio, de familia bien platense y hasta hacía poco tiempo sólo se interesaba por el rugby, las Fred Perry y el qué dirán. Casi súbitamente se había politizado, como se decía en esos tiempos, y la Negra, con sus pilchas de barrio y sus ojos admirados, era una forma de acercarse al Pueblo. El Lince no contaba con que la Negra era judía y vorazmente lectora. No contaba con que ella era la que, a pesar de sentirse poquita cosa, podía darlo vuelta como un guante cuando discutían de política. Ella lo desarmaba desde su sagaz ingenuidad. Él quería encuadrarla en la orga, pero ella era demasiado librepensadora para esas cosas, y demasiado marxista para el peronismo. Ella se sometía desde el amor incondicional, pero se rebelaba desde los conocimientos recientemente adquiridos.
El Lince ... Alberto ...
La Negra ya no come, pero sigue tomando vino tinto de su copa. En realidad de la copa de Laura, que le prestó la casa por unos días porque se fue por laburo a Guatemala. A la Negra le gusta la casa de Laura, aunque Javier insista en que parece una escenografía vacía. Y la Negra le agradece a Laura la oferta, hecha con todas las delicadezas del caso, de cuidarle las plantas durante el viaje. Laura sabe que la Negra malvive en una pieza de la casa de Gabriel y que unos días en su departamento son una especie de vacaciones. Laura le deja una caja de buen vino y la heladera llena de quesos, fiambres, aceitunas, tomates, frutas con la precisa indicación de que beba y coma lo que se le antoje.
¿Por qué la cabeza se le divagó hacia el Lince? Hacía mucho que no pensaba en él. Tal vez porque fue la primera persona que la trató de puta cuando ella se tomó las mismas libertades que él se tomaba y se pasó toda una noche de charleta y bailongo con otro tipo mientras él misteaba con la rubia de la UES de Liceo. O tal vez fue porque se pasó gran parte del fin de semana leyendo algunas de las biografías de jefes montoneros que encontró en la biblioteca de Laura.
Sigue Venus, roja, guiñando los ojos. La Negra sabe que es un planeta pero prefiere pensarla como si fuera una estrella. Se le escapa una maraña de recuerdos.
sábado, 28 de marzo de 2009
La ceremonia
Hacía mucho tiempo que no residia en el país pequeño. Me habia ausentado por las razones que ya todos conocen y que no vale la pena abundar porque no vienen al caso.
Uno sabe de antemano que muchas cosas que al volver no están como debieran, como las habiamos dejado antes. Salvo en algunos lugares. Porque?, es obvio, alguien se quedó y metió mano.
Cuando llegué, el gallego estaba solo. Vive en un lugar retirado del centro, en una casa pequeña y oscura, con una construcción al fondo amplia y luminosa, como queriendo marcar un contraste. Para llegar ahi hay que pasar por el agua. Al borde del agua estaba el Gallego.
- Como estas?. el gallego sigue siendo un tipo de gestos breves, económicos. Un movimiento de la cabeza, un leve ademan con la mano libre es lo que hay que esperar.
- Che, recien llego y tanta formalidad?
- Huy, flaco que haces, tanto tiempo,disculpame, pense que era Gustavo.
Miente. El gallego sabe desde siempre quien llega, los presiente antes, mucho antes que las personas encuentren la calle, el timbre y llamen a la puerta. Una puerta gris, metalica, alta, cerrada.
Nos abrazamos como siempre. El dice que es un tipo sensible y que yo soy un aprovechador de oportunidades.
- Estabas esperando a
- Gustavo y el resto, no se cuantos vienen pero seremos varios, porque no te quedás?
- Claro, a eso vine. Hacemos unos mates?
Hacía tanto que no tomaba unos mates asi, entre amigos que no podía esperar. Afuera, en la oficina o en el departamento de las Carolinas yo era el unico argentino, ni un uruguayo cerca me dejaron, solo Lucía que no toma mate ni muerta.
- Ya, no te animás a hacerlos vos, te acordás como hacerlos no?
- Si me voy a acordar?, Como de la vez que saltaste por la ventana
- Ja ja, si, que loco
Me sigue pareciendo extraño que un tipo que siempre entraba en situaciones estrafalarias con la facilidad que dan pocos años de experiencia, hoy sea un tipo no diría calculador pero sí, indescifrablemente contraído.
Entré a la cocina. Una cocina de tipo que vive solo, cosas aquí y alla, una cierta limpieza que se asocia a la pereza.
- Tenes agua buena?
- Sí (grita desde el patio) usá la del botellón, la otra no sirve.
Había aprendido a preparar el mate cuando tendría unos 7 u 8 años pero ese momento no cuenta, la ceremonia del mate la empecé a conocer bajo la guía de mi hermano mayor y la perfeccioné con los años. Mucha gente ha oído o conoce la ceremonia del té, el mate tiene también su propia ceremonia y es una especie de ritual.
Eduardo, el padre de Raul, un amigo de la adolescencia era químico y ahbia hecho un estudio sobre la calidad de la yerba, de la infusión y del proceso que entre nosotros conocemos como "el lavado del mate".
- Che lo viste a Raul?
- No. Hace mas de un año que no lo veo
- te acordas de la historia del mate lavado?
- maso
- Sí, te acordás que tenían en el laboratorio una llama que calentaba la pava en 7 segundos y medio, que hacían bubujear oxigeno en el agua hirviendo y el mate no se lavaba?
- No, pero si vos lo decís.
El mate se lava, es decir deja de entregar su sabor porque el agua pierde sus gases al hervir, casi todos piensan que es por la temperatura, porque se quema pero no. Solo los amigos de Eduardo saben eso.
Apago el fuego y saco la pava, la yerba, el mate y la bombilla al patio.
- Las servilletas para qué?
- Ahora vas a ver, tranquilo.
Pongo en el mate parte de la yerba, casi hasta las dos terceras partes. Tomo una servilleta de papel, la doblo.
El gallego me mira como si hubiera traído del extrajero una fórmula secreta para hacer lo que el hace 2 o 3 veces al día.
Cubro la embocadura del mate con la servilleta y lo doy vuelta, lo sacudo cuatro o cinco segundos, no mas.
- Ahh
- Te acordas ahora?
Inclino el mate y dejo que la yerba caiga hacia un lado, el hueco queda ahora arriba.
- Así el polvo queda arriba y los palos abajo. Hacen de filtro.
Dejo caer el agua, solo un poco en un hilo finito como una lana blanca. No lo lleno.
- Y ahora, que esperás?
- A que la yerba se hinche. Al tiempo, meto la bombilla y aprieto con ésta la yerba sobre sí misma.
Agrego más agua al mate. Cebo el primero. Lo tomo. Está fuerte, no tan fuerte como esperaba. La yerba del gallego es, como decirlo, no es la que prefiero.
Limpio el extremo de la bombilla con la servilleta y lo cebo.
- Tomá.
El mate gira hasta que la bombilla señala al gallego. Chupa
- Muy bueno. Ahora decime, me hacés un favor?
Lo sabía, el muy turro lo sabía. Asentí
- Hay un tipo, vos lo conocés, Siki
Trague saliva, Siki era la unica persona que había visto desde que habia llegado. Era mi psicólogo de toda la vida, 26 años de terapia, era casi de la familia.
Me devolvió el mate y eso me sirvió para concentrarme en algo, poner mas agua, girar el mate, limpiar la boquilla, chupar, el arte de cebar.
- Me esta jodiendo el negocio
Negocio?, el gallego era muy particular para sus cosas.
Yo miraba la embocadura del mate, cómo el agua limpia se transformaba en esas burbujas espesas y verdes que brotaban quien sabe de dónde. El mate, la calabaza estaba caliente y suave.
El gallego tiene un negocio. Siki le está arruinando el negocio. A mi me están arruinando el mate. Le alcancé otro mate y esperé a que se decidiera a hablar.
El gallego mordía con cierta ansiedad una galletita de arroz. Tosió, se zampó el mate de un saque y me miró. En esa mirada sentí una calma profunda, era una mirada pensada, hecha sin intención, era una mirada para dejarte clavado donde estabas. Yo sabía que alli, dentro del corazón de esa mirada estaba como un clavo sangrante eso que me había atraído allí justo ese día.
Si me levantaba y me iba, dificil que pudiera volver algún día y yo lo apreciaba al gallego. Si me quedaba, podría tal vez eludir vaya uno a saber como lo que el gallego estaba por tirarme encima.
Me hizo recordar del mate en las sierras altas, la puerta que deja paso a la patrona, la patrona que trae una bandeja larga, demasiado larga para ser cómoda, con el mate, el pote de la yerba, la pava, un plato, una servilleta y la cuchara. Ella cebando y entre cada cebada un poco de yerba que se cambia, un chorrito de agua caliente sobre la bombilla, la servilleta que limpia para el próximo beso. Todo hasta que el plato se llena. Ella no habla, no toma ni un mate. El silencio llega hasta todos aquellos familiares que se atosigan en la cocina. Tras la puerta cerrada.
De a poco fueron llegando los otros, nunca en silencio, siempre guardando las formas. La ronda del mate se fue ampliando y a cada uno de los que llegaban, recibían la cebadura como si se les autorizara a hablar a contar su historia.
El mate es así lanzadera de telar donde las mentas de cada uno forman una urdimbre de la que no escapa hilo alguno. No hay continuidad inmediata, no sigue una anecdota a la otra, pero al final uno puede adivinar algunas cosas que se le dicen a él y solo a él y nadie más. No es algo privado.
Ninguno en la ronda, de los que estabamos desde el principio sabía del próximo comentario ni tenía porque discutir con el que conducía la palabra, por lo menos hasta que el mate lo habilitara.
- ... tengo, tengo que contarles algo. Dijo Gustavo quemándose el labio con la bombilla.
Hice un contacto, un contacto con una ingeniera, tiene obras en la Patagonia.
Estaba el viernes pasado en casa, distrayendo el tiempo con mi perro cuando sonó el telefono. Me puse en camino, me levanté y veo por la puerta que da a la calle que un auto, un citroen 2CV, esos insoportables y rebotones grises con capot acanalado y techo de lona negra. Increíblemente negra a pesar del polvo del camino pensé. Se detuvo justo enfrente a la puerta, anticipando a una visita inesperada. El telefono dejó de sonar.
El mate volvió y la conversación pasó a Javier, como la visita de un sueño, pasa y apenas se queda un momento en la memoria.
- Tengo una foto, una de esas fotos en blanco y negro que eran tan frecuentes entre nosotros en los 70s. La veo siempre que voy al piso de Libertad, en la foto, un árbol se agita como bandera delante de una pared de hielo. Imagino el hielo azul, aunque la foto es gris, gris como el citroen que se llegó hasta allá e improvisamos como mojón de una travesía inacabada.
Está muy bueno este mate, realmente muy bueno.
La servilleta roza la punta de la bombilla de nuevo, se gira para dar paso a la yerba seca, sin usar que quedó del otro lado. Cebar, tomá.
Uno sabe de antemano que muchas cosas que al volver no están como debieran, como las habiamos dejado antes. Salvo en algunos lugares. Porque?, es obvio, alguien se quedó y metió mano.
Cuando llegué, el gallego estaba solo. Vive en un lugar retirado del centro, en una casa pequeña y oscura, con una construcción al fondo amplia y luminosa, como queriendo marcar un contraste. Para llegar ahi hay que pasar por el agua. Al borde del agua estaba el Gallego.
- Como estas?. el gallego sigue siendo un tipo de gestos breves, económicos. Un movimiento de la cabeza, un leve ademan con la mano libre es lo que hay que esperar.
- Che, recien llego y tanta formalidad?
- Huy, flaco que haces, tanto tiempo,disculpame, pense que era Gustavo.
Miente. El gallego sabe desde siempre quien llega, los presiente antes, mucho antes que las personas encuentren la calle, el timbre y llamen a la puerta. Una puerta gris, metalica, alta, cerrada.
Nos abrazamos como siempre. El dice que es un tipo sensible y que yo soy un aprovechador de oportunidades.
- Estabas esperando a
- Gustavo y el resto, no se cuantos vienen pero seremos varios, porque no te quedás?
- Claro, a eso vine. Hacemos unos mates?
Hacía tanto que no tomaba unos mates asi, entre amigos que no podía esperar. Afuera, en la oficina o en el departamento de las Carolinas yo era el unico argentino, ni un uruguayo cerca me dejaron, solo Lucía que no toma mate ni muerta.
- Ya, no te animás a hacerlos vos, te acordás como hacerlos no?
- Si me voy a acordar?, Como de la vez que saltaste por la ventana
- Ja ja, si, que loco
Me sigue pareciendo extraño que un tipo que siempre entraba en situaciones estrafalarias con la facilidad que dan pocos años de experiencia, hoy sea un tipo no diría calculador pero sí, indescifrablemente contraído.
Entré a la cocina. Una cocina de tipo que vive solo, cosas aquí y alla, una cierta limpieza que se asocia a la pereza.
- Tenes agua buena?
- Sí (grita desde el patio) usá la del botellón, la otra no sirve.
Había aprendido a preparar el mate cuando tendría unos 7 u 8 años pero ese momento no cuenta, la ceremonia del mate la empecé a conocer bajo la guía de mi hermano mayor y la perfeccioné con los años. Mucha gente ha oído o conoce la ceremonia del té, el mate tiene también su propia ceremonia y es una especie de ritual.
Eduardo, el padre de Raul, un amigo de la adolescencia era químico y ahbia hecho un estudio sobre la calidad de la yerba, de la infusión y del proceso que entre nosotros conocemos como "el lavado del mate".
- Che lo viste a Raul?
- No. Hace mas de un año que no lo veo
- te acordas de la historia del mate lavado?
- maso
- Sí, te acordás que tenían en el laboratorio una llama que calentaba la pava en 7 segundos y medio, que hacían bubujear oxigeno en el agua hirviendo y el mate no se lavaba?
- No, pero si vos lo decís.
El mate se lava, es decir deja de entregar su sabor porque el agua pierde sus gases al hervir, casi todos piensan que es por la temperatura, porque se quema pero no. Solo los amigos de Eduardo saben eso.
Apago el fuego y saco la pava, la yerba, el mate y la bombilla al patio.
- Las servilletas para qué?
- Ahora vas a ver, tranquilo.
Pongo en el mate parte de la yerba, casi hasta las dos terceras partes. Tomo una servilleta de papel, la doblo.
El gallego me mira como si hubiera traído del extrajero una fórmula secreta para hacer lo que el hace 2 o 3 veces al día.
Cubro la embocadura del mate con la servilleta y lo doy vuelta, lo sacudo cuatro o cinco segundos, no mas.
- Ahh
- Te acordas ahora?
Inclino el mate y dejo que la yerba caiga hacia un lado, el hueco queda ahora arriba.
- Así el polvo queda arriba y los palos abajo. Hacen de filtro.
Dejo caer el agua, solo un poco en un hilo finito como una lana blanca. No lo lleno.
- Y ahora, que esperás?
- A que la yerba se hinche. Al tiempo, meto la bombilla y aprieto con ésta la yerba sobre sí misma.
Agrego más agua al mate. Cebo el primero. Lo tomo. Está fuerte, no tan fuerte como esperaba. La yerba del gallego es, como decirlo, no es la que prefiero.
Limpio el extremo de la bombilla con la servilleta y lo cebo.
- Tomá.
El mate gira hasta que la bombilla señala al gallego. Chupa
- Muy bueno. Ahora decime, me hacés un favor?
Lo sabía, el muy turro lo sabía. Asentí
- Hay un tipo, vos lo conocés, Siki
Trague saliva, Siki era la unica persona que había visto desde que habia llegado. Era mi psicólogo de toda la vida, 26 años de terapia, era casi de la familia.
Me devolvió el mate y eso me sirvió para concentrarme en algo, poner mas agua, girar el mate, limpiar la boquilla, chupar, el arte de cebar.
- Me esta jodiendo el negocio
Negocio?, el gallego era muy particular para sus cosas.
Yo miraba la embocadura del mate, cómo el agua limpia se transformaba en esas burbujas espesas y verdes que brotaban quien sabe de dónde. El mate, la calabaza estaba caliente y suave.
El gallego tiene un negocio. Siki le está arruinando el negocio. A mi me están arruinando el mate. Le alcancé otro mate y esperé a que se decidiera a hablar.
El gallego mordía con cierta ansiedad una galletita de arroz. Tosió, se zampó el mate de un saque y me miró. En esa mirada sentí una calma profunda, era una mirada pensada, hecha sin intención, era una mirada para dejarte clavado donde estabas. Yo sabía que alli, dentro del corazón de esa mirada estaba como un clavo sangrante eso que me había atraído allí justo ese día.
Si me levantaba y me iba, dificil que pudiera volver algún día y yo lo apreciaba al gallego. Si me quedaba, podría tal vez eludir vaya uno a saber como lo que el gallego estaba por tirarme encima.
Me hizo recordar del mate en las sierras altas, la puerta que deja paso a la patrona, la patrona que trae una bandeja larga, demasiado larga para ser cómoda, con el mate, el pote de la yerba, la pava, un plato, una servilleta y la cuchara. Ella cebando y entre cada cebada un poco de yerba que se cambia, un chorrito de agua caliente sobre la bombilla, la servilleta que limpia para el próximo beso. Todo hasta que el plato se llena. Ella no habla, no toma ni un mate. El silencio llega hasta todos aquellos familiares que se atosigan en la cocina. Tras la puerta cerrada.
De a poco fueron llegando los otros, nunca en silencio, siempre guardando las formas. La ronda del mate se fue ampliando y a cada uno de los que llegaban, recibían la cebadura como si se les autorizara a hablar a contar su historia.
El mate es así lanzadera de telar donde las mentas de cada uno forman una urdimbre de la que no escapa hilo alguno. No hay continuidad inmediata, no sigue una anecdota a la otra, pero al final uno puede adivinar algunas cosas que se le dicen a él y solo a él y nadie más. No es algo privado.
Ninguno en la ronda, de los que estabamos desde el principio sabía del próximo comentario ni tenía porque discutir con el que conducía la palabra, por lo menos hasta que el mate lo habilitara.
- ... tengo, tengo que contarles algo. Dijo Gustavo quemándose el labio con la bombilla.
Hice un contacto, un contacto con una ingeniera, tiene obras en la Patagonia.
Estaba el viernes pasado en casa, distrayendo el tiempo con mi perro cuando sonó el telefono. Me puse en camino, me levanté y veo por la puerta que da a la calle que un auto, un citroen 2CV, esos insoportables y rebotones grises con capot acanalado y techo de lona negra. Increíblemente negra a pesar del polvo del camino pensé. Se detuvo justo enfrente a la puerta, anticipando a una visita inesperada. El telefono dejó de sonar.
El mate volvió y la conversación pasó a Javier, como la visita de un sueño, pasa y apenas se queda un momento en la memoria.
- Tengo una foto, una de esas fotos en blanco y negro que eran tan frecuentes entre nosotros en los 70s. La veo siempre que voy al piso de Libertad, en la foto, un árbol se agita como bandera delante de una pared de hielo. Imagino el hielo azul, aunque la foto es gris, gris como el citroen que se llegó hasta allá e improvisamos como mojón de una travesía inacabada.
Está muy bueno este mate, realmente muy bueno.
La servilleta roza la punta de la bombilla de nuevo, se gira para dar paso a la yerba seca, sin usar que quedó del otro lado. Cebar, tomá.
martes, 24 de marzo de 2009
ella, la muerte
No hay cuerpo. No hay cuerpo muerto, pero hay asesino. Esa es la clave. ¿Cómo encontrar al asesino cuando falta el cuerpo del delito?
Es tarde. Vuelvo a casa después de un día demasiado largo. Me duele la cabeza desde hace muchas horas y ya sé que si me acuesto así me voy a despertar con más dolor de cabeza. Es como si dormir con dolor de cabeza lo instalara definitivamente. El dolor sueña.
El cuerpo muerto habla. Eso decían las novelas policiales que leía en lo de Kike y en lo de Monona durante los primeros años de la dictadura. El cuerpo del delito era siempre clave para descubrir al asesino. Siempre estaba allí, sobre una alfombra de un castillo en las novelas inglesas, sobre una cama anónima de un cuarto anónimo de hotel en las norteamericanas. El cuerpo muerto con una herida de bala, o con 33 puñaladas. El cuerpo muerto y desnudo de una mujer joven y bella, o el de un viejo linyera cubierto por capas sucesivas de ropa , vieja también.
Mejor no me acuesto. Mejor espero que el dolor de cabeza se vaya. Pero cómo lograr que se vaya cuando hace varios días que no relajo la espalda, y para colmo tomé vino y champagne en el asado de mis compañeros de la primaria. Digo -pienso- mejor no me acuesto y al mismo tiempo me desvisto y me derrumbo sobre la cama porque mi cuerpo no da más. Porque estoy deshecha. Me duele la cabeza y puedo sentir el punto preciso de dolor en la espalda que es el origen del dolor de cabeza.
Parece mentira, parece un cuento malo esto de estar buscando un asesino sin tener el cuerpo muerto. ¿Cómo se llamaba esa novela del Séptimo círculo en el que dos personas se encuentran en un tren e intercambian sus crímenes, es decir dos desconocidos que deciden que el único modo de cometer el crimen perfecto es que no haya ningún vínculo entre el asesino y su víctima? Este asesino es así. Mató a alguien y nos sustrae el cuerpo, y nos borra los lazos que lo unen a ese cuerpo muerto -y a esa víctima, su víctima.
Ahora el dolor de cabeza se está desparramando y al mismo tiempo, se está definiendo. Duele, que es su modo de vivir, desde la ceja izquierda hasta la nuca. Atraviesa, como una lanza, las distintas capas de tejidos duros y blandos de la cabeza. Se define y gana en identidad. El dolor es él mismo.
Pobre cuerpo muerto que además de muerto desaparece. ¿Qué le hicieron a ese pobre cuerpo muerto?
Es tarde. Vuelvo a casa después de un día demasiado largo. Me duele la cabeza desde hace muchas horas y ya sé que si me acuesto así me voy a despertar con más dolor de cabeza. Es como si dormir con dolor de cabeza lo instalara definitivamente. El dolor sueña.
El cuerpo muerto habla. Eso decían las novelas policiales que leía en lo de Kike y en lo de Monona durante los primeros años de la dictadura. El cuerpo del delito era siempre clave para descubrir al asesino. Siempre estaba allí, sobre una alfombra de un castillo en las novelas inglesas, sobre una cama anónima de un cuarto anónimo de hotel en las norteamericanas. El cuerpo muerto con una herida de bala, o con 33 puñaladas. El cuerpo muerto y desnudo de una mujer joven y bella, o el de un viejo linyera cubierto por capas sucesivas de ropa , vieja también.
Mejor no me acuesto. Mejor espero que el dolor de cabeza se vaya. Pero cómo lograr que se vaya cuando hace varios días que no relajo la espalda, y para colmo tomé vino y champagne en el asado de mis compañeros de la primaria. Digo -pienso- mejor no me acuesto y al mismo tiempo me desvisto y me derrumbo sobre la cama porque mi cuerpo no da más. Porque estoy deshecha. Me duele la cabeza y puedo sentir el punto preciso de dolor en la espalda que es el origen del dolor de cabeza.
Parece mentira, parece un cuento malo esto de estar buscando un asesino sin tener el cuerpo muerto. ¿Cómo se llamaba esa novela del Séptimo círculo en el que dos personas se encuentran en un tren e intercambian sus crímenes, es decir dos desconocidos que deciden que el único modo de cometer el crimen perfecto es que no haya ningún vínculo entre el asesino y su víctima? Este asesino es así. Mató a alguien y nos sustrae el cuerpo, y nos borra los lazos que lo unen a ese cuerpo muerto -y a esa víctima, su víctima.
Ahora el dolor de cabeza se está desparramando y al mismo tiempo, se está definiendo. Duele, que es su modo de vivir, desde la ceja izquierda hasta la nuca. Atraviesa, como una lanza, las distintas capas de tejidos duros y blandos de la cabeza. Se define y gana en identidad. El dolor es él mismo.
Pobre cuerpo muerto que además de muerto desaparece. ¿Qué le hicieron a ese pobre cuerpo muerto?
lunes, 23 de marzo de 2009
Rayuela
La luna bañaba la habitación como si fuera mediodia. Como si fuera mediodía?, pero si es mediodia!, que pasa.
Cierro los ojos y veo, veo la habitación bañada de luz, una luz intensa, amarilla, luminosa, una luz puede ser luminosa?. Creo que si. Hay unos pocos muebles pero parece una de esas salas marroquíes, de abigarrados diseños que nunca pero nunca parecen desarregladas o vacías.
- recuerdas el olor del te?.
Pienso, me dejo llevar, imagino el aire sudando desde la ventana, hace calor, un calor pastoso, el aire suda, moja el vaso. Veo ahora el vaso, es pequeño, facetado color esmeralda con una medialuna de limon atrapada por el borde.
- menta, es menta fresca.
De golpe me acuerdo de Azucena, una figura aceitunada, de pelo lacio apenas ondulado, delgada y graciosa. Ella trajo la menta a casa cuando yo apenas trepaba a los arboles con alguna destreza.
La menta era verde, verde oscuro casi azulado, algunos tallos casi rojos o violaceos. Trajo la menta para traernos su manera de ver, de saborear, de ser. Un día sin que quisieramos darnos cuenta estaba ella enseñandonos a tomar la carne cruda entre los dedos, mezclar las especias, la menta, nuestra menta picada, el trigo burgol. La menta vino tambien en una macetita de barro cocido y alli se quedó, al lado del cantero en el cual yo sembraba tomates, maiz y otras cosas.
La menta renació en las manos de Lucia, se hizo té, se hizo tabule, se hizo el olor de la casa.
- que les pasa a tus manos?
La luz brilla y de golpe es como un relámpago, el olor a menta se ha hecho dulce, acerado, el aire pasa entre los dedos de mi mano como un arroyo de montaña. Tiemblan. Que es lo que está pasando?. Mis dedos vibran, me dejo llevar. Algunas hojas caen como si el viento las llevara, unas palomas tambien. Por qué?.
- Descansa.
Dejo caer mis hombros. Ya no me dejo llevar, me inclino un poco, puedo correr con facilidad, la luz brilla pero es de noche.
Duermo.
- como subes al cielo?
No se, realmente no lo se. No me lo he preguntado apenas si recuerdo del cielo ese breve paso de la piedra antes de caer afuera, Las baldosas son traicioneras.
- Hola
- Hola, estabas ahí?
- Nunca me fui.
- Que paso?
- Casi nada, te quedaste ahi, como si estuvieras en un trance, mirando el vacío, pero no fijamente, realmente mirando, a ambos lados, hasta diste unos pasos y tambien movias las manos y decias cosas. Me asusté un poco.
- Cosas?
- Si, pero no creo poder repetirte ni una frase, era un descuelgue total. Tomaste algo?
Hice memoria. Habia llegado tarde, no habia cenado asi que me hice un te, le puse jenjibre y menta, comi una rodaja de pan de centeno con mermelada de Calafate que Ayelen me habia regalado y nada mas.
- No, nada extraño.
- y como te sentís.
- cansado, cansado como si hubiera cruzado caminando el rio de la plata
- Mejor dormís y mañana vemos como estás.
ella lo recostó, le quito los zapatos, lo desvistió, el se dejo desvestir. Ya no le importaba nada.
la noche se cerro sobre el y eso que todavia era el mediodia.
Uno.
Para atrapar al asesino no se requiere carnada. No, ninguna pelicula o serie puede prescindir de esos trucos pero es solo porque el relato se los exige, las novelas casi no usan carnada. Yo no la usaria, seria deshonesto.
Por que mató?, no importa quien sino el porqué? el famoso motivo. Ojala estuviera Julio para decirme en secreto sus instrucciones para atrapar a un asesino. Lo primero es un asesino, sin eso no hay manera de atraparlo. Como si tuvieramos que dar cuerda a un reloj, sabemos con seguridad que alla al fondo esta la muerte, no una muerte cualquiera, una muerte personificada. Seria mas facil si tuvieramos el capitulo del manual que el asesino utilizó, pero no, nunca es tan facil. No podemos decir al asesino se lo atrapa asi, atrapandolo, pero desgraciadamente es cierto, no hay otra manera de atraparlo que atrapandolo. Hay investigadores que hacen esto o aquello y se pierden, al final ceden, deciden que no hay otro modo y lo atrapan. O no pasa eso siempre, que fue de Julio Lopez? no lo quieren atrapar, de otro modo ya lo habrian atrapado. Hay una sola excepción, tal vez dos: que lo hayan atrapado o que el se haya atrapado a si mismo, situacion esta rarísima y que lleva a desconfianza por lo cual suele ser liberado hasta que finalmente, lo atrapan.
Dos.
Piensa en esto: Que pasa cuando te duermes?. Uno sabe, es mas esta convencido de que al dormir unas pocas cosas siguen su curso solo para rellenar el tiempo que transcurre hasta que uno se despierta. Es en vano que nos despertemos varias veces en la noche, en cuanto abrimos un ojo, todo está alli, tal como lo hemos dejado.
Pero hay noches y sueños diferentes. El cuerpo se enfría.
Alguien me dijo una vez que la carne para que este tierna o bien se asa inmediatamente de muerto o debemos aguardar un tiempo respetable hasta que el "rigor mortis" cede definitivamente. En nuestras carnicerías se hace esto ultimo pero en el campo, lo opuesto. La carne no se puede guardar.
Alguna vez quise o supe saber que era eso del rigor mortis, "Once the heart stops beating, blood collects in the most dependent parts of the body (livor mortis), the body stiffens (rigor mortis), and the body begins to cool (algor mortis)".
La muerte es un proceso largo, el corazon se detiene, la sangre cede a la pereza, el aire se detiene pero hay mas, las celulas se resisten. Dicen que el cabello sigue creciendo muchos dias despues de la muerte y que los ojos ven las estrellas del dia en que se abrieron por primera vez.
La muerte no puede ser un sueño largo, no hay nada que reparar a no ser la unidad y la armonia del universo.
El sueño y la ensoñación. La piedra rebota y cae. Se detiene, se arrastra pero queda adentro.
tres
- es tu parte.
- no, no la quiero
En la television resuena, can t smile without you o algo asi. Es desesperante o risueño segun se lo mire.
- La vida se despereza en cualquier parte, no puedes impedirlo, mi amor.
Me dan ganas de viajar a alguna parte. De cerrar la puerta, de salir al camino, de.
Cierro los ojos y veo, veo la habitación bañada de luz, una luz intensa, amarilla, luminosa, una luz puede ser luminosa?. Creo que si. Hay unos pocos muebles pero parece una de esas salas marroquíes, de abigarrados diseños que nunca pero nunca parecen desarregladas o vacías.
- recuerdas el olor del te?.
Pienso, me dejo llevar, imagino el aire sudando desde la ventana, hace calor, un calor pastoso, el aire suda, moja el vaso. Veo ahora el vaso, es pequeño, facetado color esmeralda con una medialuna de limon atrapada por el borde.
- menta, es menta fresca.
De golpe me acuerdo de Azucena, una figura aceitunada, de pelo lacio apenas ondulado, delgada y graciosa. Ella trajo la menta a casa cuando yo apenas trepaba a los arboles con alguna destreza.
La menta era verde, verde oscuro casi azulado, algunos tallos casi rojos o violaceos. Trajo la menta para traernos su manera de ver, de saborear, de ser. Un día sin que quisieramos darnos cuenta estaba ella enseñandonos a tomar la carne cruda entre los dedos, mezclar las especias, la menta, nuestra menta picada, el trigo burgol. La menta vino tambien en una macetita de barro cocido y alli se quedó, al lado del cantero en el cual yo sembraba tomates, maiz y otras cosas.
La menta renació en las manos de Lucia, se hizo té, se hizo tabule, se hizo el olor de la casa.
- que les pasa a tus manos?
La luz brilla y de golpe es como un relámpago, el olor a menta se ha hecho dulce, acerado, el aire pasa entre los dedos de mi mano como un arroyo de montaña. Tiemblan. Que es lo que está pasando?. Mis dedos vibran, me dejo llevar. Algunas hojas caen como si el viento las llevara, unas palomas tambien. Por qué?.
- Descansa.
Dejo caer mis hombros. Ya no me dejo llevar, me inclino un poco, puedo correr con facilidad, la luz brilla pero es de noche.
Duermo.
- como subes al cielo?
No se, realmente no lo se. No me lo he preguntado apenas si recuerdo del cielo ese breve paso de la piedra antes de caer afuera, Las baldosas son traicioneras.
- Hola
- Hola, estabas ahí?
- Nunca me fui.
- Que paso?
- Casi nada, te quedaste ahi, como si estuvieras en un trance, mirando el vacío, pero no fijamente, realmente mirando, a ambos lados, hasta diste unos pasos y tambien movias las manos y decias cosas. Me asusté un poco.
- Cosas?
- Si, pero no creo poder repetirte ni una frase, era un descuelgue total. Tomaste algo?
Hice memoria. Habia llegado tarde, no habia cenado asi que me hice un te, le puse jenjibre y menta, comi una rodaja de pan de centeno con mermelada de Calafate que Ayelen me habia regalado y nada mas.
- No, nada extraño.
- y como te sentís.
- cansado, cansado como si hubiera cruzado caminando el rio de la plata
- Mejor dormís y mañana vemos como estás.
ella lo recostó, le quito los zapatos, lo desvistió, el se dejo desvestir. Ya no le importaba nada.
la noche se cerro sobre el y eso que todavia era el mediodia.
Uno.
Para atrapar al asesino no se requiere carnada. No, ninguna pelicula o serie puede prescindir de esos trucos pero es solo porque el relato se los exige, las novelas casi no usan carnada. Yo no la usaria, seria deshonesto.
Por que mató?, no importa quien sino el porqué? el famoso motivo. Ojala estuviera Julio para decirme en secreto sus instrucciones para atrapar a un asesino. Lo primero es un asesino, sin eso no hay manera de atraparlo. Como si tuvieramos que dar cuerda a un reloj, sabemos con seguridad que alla al fondo esta la muerte, no una muerte cualquiera, una muerte personificada. Seria mas facil si tuvieramos el capitulo del manual que el asesino utilizó, pero no, nunca es tan facil. No podemos decir al asesino se lo atrapa asi, atrapandolo, pero desgraciadamente es cierto, no hay otra manera de atraparlo que atrapandolo. Hay investigadores que hacen esto o aquello y se pierden, al final ceden, deciden que no hay otro modo y lo atrapan. O no pasa eso siempre, que fue de Julio Lopez? no lo quieren atrapar, de otro modo ya lo habrian atrapado. Hay una sola excepción, tal vez dos: que lo hayan atrapado o que el se haya atrapado a si mismo, situacion esta rarísima y que lleva a desconfianza por lo cual suele ser liberado hasta que finalmente, lo atrapan.
Dos.
Piensa en esto: Que pasa cuando te duermes?. Uno sabe, es mas esta convencido de que al dormir unas pocas cosas siguen su curso solo para rellenar el tiempo que transcurre hasta que uno se despierta. Es en vano que nos despertemos varias veces en la noche, en cuanto abrimos un ojo, todo está alli, tal como lo hemos dejado.
Pero hay noches y sueños diferentes. El cuerpo se enfría.
Alguien me dijo una vez que la carne para que este tierna o bien se asa inmediatamente de muerto o debemos aguardar un tiempo respetable hasta que el "rigor mortis" cede definitivamente. En nuestras carnicerías se hace esto ultimo pero en el campo, lo opuesto. La carne no se puede guardar.
Alguna vez quise o supe saber que era eso del rigor mortis, "Once the heart stops beating, blood collects in the most dependent parts of the body (livor mortis), the body stiffens (rigor mortis), and the body begins to cool (algor mortis)".
La muerte es un proceso largo, el corazon se detiene, la sangre cede a la pereza, el aire se detiene pero hay mas, las celulas se resisten. Dicen que el cabello sigue creciendo muchos dias despues de la muerte y que los ojos ven las estrellas del dia en que se abrieron por primera vez.
La muerte no puede ser un sueño largo, no hay nada que reparar a no ser la unidad y la armonia del universo.
El sueño y la ensoñación. La piedra rebota y cae. Se detiene, se arrastra pero queda adentro.
tres
- es tu parte.
- no, no la quiero
En la television resuena, can t smile without you o algo asi. Es desesperante o risueño segun se lo mire.
- La vida se despereza en cualquier parte, no puedes impedirlo, mi amor.
Me dan ganas de viajar a alguna parte. De cerrar la puerta, de salir al camino, de.
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